
Tras unos días de descanso retomo la escritura como terapia para combatir la intoxicación televisiva sufrida estos días, porque creo que voy a explotar. La visualización de programas como el Diario de Patricia o Gente me han impulsado a seguir escribiendo sobre el curioso y fascinante mundo de nuestros mayores. En mi retina han quedado grabados los estilismos imposibles de las mujeres mayores que salen en el diario de Patricia, así como las casas prototípicas del programa Gente, en las que el sofá de sky junto a las figuritas del Todo a cien configuran un ambiente propicio para la confesión de dramas y desgracias. Esta decoración posmoderna es la que encontramos en gran parte de las casas pertenecientes a este simpático sector de la población. Estanterias repletas de títulos interesantes como Arriba & abajo, gentileza de la C.A.I; Historia de Aragón en cómic; la Enciclopedia Larousse o el libro de la reina Sofía, también gentileza de la C.A.I. Pero no sólo de libros se vive. Hay que echar un vistazo a los souvenirs comprados en los viajes del Inserso y a los recuerdos de comunión para darse cuenta de lo lento que pasa el tiempo. Son objetos que siempre están ahí, pero eso sí, empiezan a desteñirse por una exposición demasiado directa al sol. La botella con forma de casa caída de Cuenca, la virgen del Pilar, el corazón de Jesús, las postales de Benidorm o el tapiz con escena de caza, no tienen precio. Lo que más me gusta es tomar el café en una taza del Galerías Primero y esperar a que se masque la tragedía: ¡las galletas están rancias! Consejo a navegantes: ¡Tened cuidado con las galletas del Surtido Cuétara! Quizás lleven más de diez años almacenadas en el armario y os dejéis la dentadura en ellas. Otro consejo: No hay aceptéis caramelos ni bebidas quinadas porque podéis terminar en el hospital. Otro día más.
